El cliente (cuento moral)

La delegación china, de ahora en adelante “El cliente”, estaba conformada por dos personas, el jefe joven y el joven jefe. Por otro lado, los otros jefes, -El management- de Garabato Iberia Communications Solutions, la empresa local contratada por los chinos, la cual estaba integrada por gente ya no muy joven o gente un poco menos joven que El cliente.

Un agente sub-contratado por la compañía local contratada por El cliente, volvía a casa en bicicleta como cada día, su trabajo consiste en censurar los contenidos de una popular red social juvenil, en una palabra, eliminar de la red todo lo que El cliente estipula.

Para poder llegar a su casa más rápido, el agente sub-contratado debe cambiar del carril de bicicletas de una calle al de otra, sin embargo, tal cruce debe hacerse ya sea, atravesando dos pasos de cebra para peatones; o, hacer una intrépida pero ligeramente imprudente vuelta a la izquierda.

Transcurridas una serie de reuniones entre El cliente y El management, la atmósfera de la oficina estaba cargada de un aire enseriado y superficialmente profesional. Los integrantes del equipo Ruso mantenían su disciplinado consumo de latas de Coca Cola, el “Negro de mierda”, tal y como Irina e Iván categorizan con su lengua indoeuropea a su “team leader” , conservaba su aire solemne, con sus gafas de pasta, su infaltable jersey y su camisa, indumentaria que agrava, según un Team Leader Francés, su aire altivo alimentado durante sus años como agente telefónico.

El agente sub-contratado se disponía a dar la temeraria pero necesaria vuelta a la izquierda, un hombre de mediana edad con pelo de profesor de música le reprochó el movimiento: “Esta en rojo” , indignado y sorprendido, el ciclista indicó altaneramente que no tenía otra opción. El hombre de pelo orquestal bajó la voz y se identificó como empleado del Ayuntamiento de Barcelona, “trabajo en el ayuntamiento, y ahora están multando por cualquier cosa, con bicicletas, monopatines, patinetes… por eso que tu estás haciendo, por ir por la acera…”

El cliente estaba concentrado en exigir una serie de nuevos lineamientos en la dirección del proyecto, El management, por su parte, tomaba nota cautelosamente para establecer los puntos necesarios y así fijar el correspondiente plan de formaciones, basado en las nuevas exigencias que el jefe joven y el joven jefe habían planteado, especialmente en temas sensibles como críticas al gobierno Chino, bailes vulgares, visibilidad de pezones u ombligos adolescentes o cualquier comentario racista, como el de los rusos hacia el “muñequito de petróleo”.

Antes de seguir el camino a su casa el ciclista sub-contratado agradeció sinceramente la honestidad y la prestancia con la que el funcionario del ayuntamiento advirtió, en franca traición a los rancios intereses mercantiles de la institución que le paga su salario, sobre las nuevas políticas de recaudación de dinero en forma de multas a los transeúntes que utilizan vehículos sin motor inadecuadamente.

El cliente dejó las oficinas de Garabato Iberia Communications Solutions, finalizaba un largo día de reuniones, protocolo informal y acuerdos metodológicos. El management aceptó cortésmente las nuevas ordenes, poniendo en marcha un precipitado y enjuto plan de formación que se llevaría a cabo al día siguiente.

El ciclista sub-contratado retomó su camino a casa, bajando por el carril de bicicletas de la Calle Calabria. Un hombre de mediana edad con pelo de profesor de música tenía la intención de atravesar esa calle por el medio, lejos y equidistante a los pasos de cebra más cercanos, sin embargo, dándose la media vuelta abortó el movimiento tras darse cuenta que el ciclista venía calle abajo.

El cliente había terminado de cenar en un restaurant de tapas y se encontraba en un taxi rumbo a un “Night Club” cercano a su hotel. El management permaneció un poco más en el local haciendo la sobre mesa, la satisfacción era visible, aún cuando la cuenta excedía el presupuesto. El Team Leader de piel oscura y con gafas de pasta no dejaba de decir “estos Chinos de mierda si son guarros”, refiriéndose a una montaña de gambas que El cliente había dejado sobre una servilleta de tela. Un Team Leader Francés que había bebido demasiado vino, estaba en el baño riendo a carcajadas y en secreto de la “corbatita con estampados de hamburguesitas del negro maricón” que tenía puesta el Team Leader de piel oscura y gafas de pasta.

El agente ciclista sub-contratado estaba ya cerca de casa, a pesar de que un semáforo estaba dando luz verde para los ciclistas, tuvo que frenar estrepitosamente para no atropellar a una mujer de mediana edad que estaba atravesada, de espaldas a él y hablando por teléfono sobre el paso de cebra del carril de bicicletas de la Calle Calabria.

El cliente celebraba el éxito de la visita, el joven jefe bebía whisky y entraba en un privado con una Rumana de 19 años, estimulado al verla bailar moviendo la cadera, fijándose en sus pezones y acariciándole el ombligo, el jefe joven bebía Vodka y hacía lo propio con una mujer Colombiana de 44 años que le decía “Uysh papito Chino”.

El management había trazado un plan de formación a trompicones, El cliente había sido enfático en relación a la inmediatez de la aplicación de los nuevos criterios de censura dentro de su plataforma de videos para teléfonos móviles. A media mañana el formador estaba listo para entrenar a los agentes sub-contratados, los rusos bebieron su Coca Cola y tras ver al Italiano de pelo largo y baja estatura entrar en la sala para hacerles la formación dijeron entre si: “llegó Tarzan de Bonsai”.

 

 

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Manifest

Girls around Farncesc Masiá Square buy better shampoo

Catalá middle aged men wearing red framed prescription glasses look ridiculous

Do not trust a group of people where the mayority of them wear flip flops or have a beard

Flat rents inflated prices should follow Street Cerveza Beer price ( It costs 1 Euro since at least 2003)

Don´t be arsed to eat anything at Plaza del Sol before traveling to a gastronomic city

Local artists are lame and poorly interesting

Uptown posh ladies around Parc Turó speak Spanish with anglicisms

Whatever market you go is soulless

Poble Sec has an overpopulation of underfed dogs owned by underfed people

It´s not English girl´s fault that there are good looking and seductive French Girls

It´s not French girl´s fault that English girls laugh more and have better music taste in general

The smelliest feet ever came from a Polish backpaker

Bed bugs arrive in flats where people eat advocado on a regular basis

Make sure you declutter your life instead of your flat

You don´t and will never look cool with that nordic backpack meant for nordic children intead of people who think that they´re stylish

Barceloneta area is essentially hostile and uneasy

Sant Gervasi´s dogs are more educated than bartenders in Joaquin Costa street

El Corte Inglés is sexy

Catalán wanna-be-hip girls have long feet and that looks terrible with long coats if they are less 1,70 mts tall

Plugs to charge your phone are invisible at the Airport T1

Regulars at Park de la Ciudadella are too shabby to celebrate birthdays there grandiosely

Make sure you have a clever excluse to say no if you´re invited to a dinner in El Clot

Ikea causes divorces in the long term

You can live without ever going to Monserrat and Tibidabo

Walk on Diagonal and Passeig de Gracia if you want to feel you´re in a city

Sunshine in Mungat is as nice as OPEC countries

Sitgez makes people tired

Tourists are temporary christian refugees

Mercadona is overrated

Vueling is underrated

Estrella Dam is idiosyncratic

Voll dam is politically incorrect

Barcelona is like a second hand washing machine, it surprises you but it´s not meant to last forever.

In Barcelona, there are many vegans eating advocados served everyday and tropical cocktails in Mermelade Vases with orange straws in El Raval, guys with implanted beards who look like a Taliban who swalowed a 46 inch flat screen TV. That makes you want to wake up in Paris in 1899 next to a spirituelle girl de bonne famille or in London´s Mayfair in the winter of 1815 during the Waterloo battle victory fanfarre dancing with a banker´s delighted-with-your-wit daughter; but if you walk around Parallel and hear a guy who thinks he´s cool and can have a future in hip hop rapping: “Un bocadillo de nucilla, me caería de maravilla” it´s enough!

Choose renting a double room in a dirty shared flat. Choose working in a call centre. Choose an obra y servicio contract. Choose meeting new international people. Choose having drinks with your new friends who are actually friends only for having drinks with. Choose hanging out in the end with your co-nationals. Choose being hungover and call sick on a Monday. Choose getting the Paro and wake up at 11 am every day. Choose going to a Palo Alto Mercadillo and see trendy people wearing the same codified old trends uniform. Choose eating something with advocado in a white lighted Brunch place and think you´ll live longer. Choose a Yoga class in Sant Antoni for expats who discovered they have a spirit to feed at 34. Choose going to Sitges and find moustached princesses and find it funny. Choose having a Bicing Card and be as careless with the bike as you are with the cleaning of your flat´s kitchen. Choose not going to a fancy mediterranean cuisine restaurant and go to Apolo and spend more money. Choose flying back to your city and find out that your friends are the same and probably happier than you. Choose having a Tinder date and end up sleeping with a stranger with no candles, no Chopin music, no love but two empty Strella Damm cans next to a used preservative on the floor. Choose dating this person again because there´s no sexual temperance in the city nor selective people in town. But would I want to do a thing like that? I chose living somewhere else.

Els Vigatans y otros apuntes sobre la mezquindad en Barcelona

“Las reglas son una cosa y la expansión es otra.” Con estas palabras, una desesperada vendedora justificaba su invasión del espacio para los compradores del Flea Market, haciendo competencia desleal e ilegal a los vendedores circundantes, mediante la aplicación arrebatada del proverbio catalán “La necessitat no té llei”.
Y es que cuando las reglas no favorecen a la mezquindad local, hay que romperlas, según la desgreñada mujer. El Ayuntamiento, por su parte, ahora cobra 5,90 Euros por cada parada en los fulanos mercadillos, si no ganan ellos, no gana nadie, como cuando un jugador de monopolio pierde y manganzonamente destruye el tablero, “o gano yo, o no gana nadie”.
Probablemente, el origen de la mezquindad en Catalunya se remonta al “Pacto de los Vigatans”, del 17 de mayo de 1705, pilar fundamental para la firma del ambicioso Pacto de Génova, una alianza de juguete entre prácticamente 4 familias de Vic y Mitford Crowe, quien actuó como representante de la corona británica, para entre otras cosas se asegurase el mantenimiento y la defensa de las Constituciones Catalanas: “Los que firmamos y prometemos de buena fe estando por el dicho efecto juntos en la parroquia de Santa Eulalia del obispado y veguería de la ciudad de Vich, a 17 de mayo de 1705.” Como reza la cita de Francisco de Cantelví en sus Narraciones Históricas.
La Reina de la Pérfida Albion, eventualmente menospreció el pacto con los de Vic a cambio de jugosas concesiones borbónicas para explotar minas de plata en el Potosí, naturalmente, un vuelco diplomático en favor de los intereses ingleses, cosa que desembocó en la capitulación de Barcelona y en el inminente dominio absoluto de los Borbones.

Por otro lado y siglos després, la mística de Gràcia tuvo que recoger recelosamente sus maletas polvorientas, sus harapos indostánicos y sus espantosas bandanas artesanales para reubicarlas en el espacio que le correspondía, luego de que el también inglés organizador del mercadillo le indicara que las reglas del evento y del Ayuntamiento, hay que cumplirlas.
Tanto la historia, como el presente nos muestran una Barcelona abierta al mundo, pero cautelosamente tacaña cuando ese mundo se beneficia demasiado de sus bondades, sin prestar mucha atención a sus limitaciones políticas, culturales y económicas, recurriendo siempre a su obstaculizante idiosincrasia institucional, vecinal o particular. Por lo que es definitivamente pertinente una reforma proverbial: Barcelona és bona (i de tots) solo si la nostra bossa sona.

Sociología del Chiringuito

“Sale así.” Al escuchar estas dos palabras, el turista caucásico, con cara de indignación pensó en la desproporcionada relación entre el elevado precio de la copa de vino blanco, y los escasos tres dedos de bebida que no alcanzaban siquiera la mitad de la copa.
“Eso es lo que hay” le dijo un camarero barbudo al otro camarero barbudo con un aire filiación ideológica tardo-hipsterista.
La paradoja hostelera, en una Barcelona que apostó al turismo cuantitativo desde la era Joan Clos en 2004, hace que los chringuitos de hoy empleen a los más ásperos y audaces entusiastas del paro-pre-2008, esos que trabajaban 6 meses para viajar un año en el 2003 y pensaban que ese modo de vida, les supondría llegar a los 45 años recorriendo el mundo sin cortarse mucho las uñas de los pies.
Sin embargo, muchos han tenido que trasladar esos cortaúñas a habitaciones de pisos compartidos.
Según la sociología de Max Weber, el tipo ideal estructural es aquel que resulta de las consecuencias de la acción social, como por ejemplo la dominación tradicional.
Un empleado de chiringuito, además de estar sometido a un ambicioso manager y al calor del verano, está obligado a prestarle un servicio a gente desconocida que disfruta desde el otro lado de la ecuación el placer fugaz de lo exótico de Barcelona.
Visto a través del filtro de los postulados weberianos, los sujetos que actúan de manera despreocupada y a veces grosera, lo hacen porque no consiguen los medios para obtener un determinado fin, una recurrente actitud que permea también en las estructuras institucionales, vecinales o comerciales, tan fundamentales para la aún inalcanzable sostenibilidad turística de Barcelona. Diría Ítalo Calvino: “La ciudad es redundante: se repite para que algo llegue a fijarse en la mente.”

App-mor

Cada mañana, me saca de su bolso agarrándome con sus dedos relucientes. La mayoría de los jueves, cuando va con las uñas recién pintadas casi siempre de rojo Frenadol, me agrada más estar en contacto con ella, debe ser la contribución del olor del barniz que utiliza mezclado con el cítrico aroma de su perfume favorito.
Abordamos el vagón siempre en Hospital Clinic, a eso de las 8:30 de la mañana. Veo la luz como a las 8:40 cuando vuelve a revisar sus mensajes y me toca un costado para ver las fotos que le guardo y le hago.
Poco antes de caminar por la transferencia de la Estación Verdaguer, me lanza en su bolso nuevamente, allí vuelvo a juntarme con mis compañeros de viaje: un estuche de gafas RayBan, un libro de los principios del color aplicados al diseño, unas cuantas facturas de tiendas de ropa, unas pelotitas hechas con envoltorios de chicles, chicles sueltos, un mechero que casi no utiliza, un estuche plástico con algo dentro que no sé qué es, una libreta, un rotulador y un foulard.
Trascurridos unos segundos después de llegar al andén de la línea amarilla, me atrapa nuevamente y me veo rodeado de algunos colegas de mi misma marca y algunos otros desconocidos. A veces enseña mi pantalla a alguna amiga y me veo en la penosa tarea de revelar alguna imagen de su vida o algún contenido irreverente y textual de su vida personal.
Cuando no se encuentra con nadie conocido y no coincido con ningún otro de mis congéneres, me limito a hacer el viaje hasta Cuitadella Villa Olímpica, dejándome tocar no sin dejar de mirar sus labios casi siempre rojos. Reconozco que me molesta que use la misma aplicación de manera obsesiva, pero en ella me confía una serie de detalles que me permiten conocerla.
Hace unos días, noté una actividad inusual: estaba recibiendo una cantidad anormal de mensajes de la misma persona, a los que respondía con palabras que no estaba acostumbrado a procesaren en un mismo mensaje, tales como como “Beso”, “Guapo”, “encantas” entre otras.
Una mañana de domingo caí por las escaleras de la entrada en la estación Maria Cristina. Cuando volví en mí, confundido por no estar donde siempre a esa hora, me encontré con un mensaje que nunca había procesado, decía, según recuerdo algo así como “que deliciosa eres, te quedas conmigo el otro finde?”
Sintiéndome extraño, estuve en sus manos todo el trayecto. No me tocaba ninguna letra ni buscaba nada en mi memoria, ni siquiera intentaba usar la aplicación latosa con la que gasta la mayoría de mi batería.
Me quedé dormido y desperté en su regazo mientras volvía a su casa en aquel tren semi vacío de la línea azul. No estaba totalmente convencida pero sentí que pulsó la “S”, la “i” y el botón de (.) tres veces seguidas.
Ese lunes, con toda mi energía recargada después de que me desconectase del cable me sentí desmoronado y vencido. Hoy, sigo convencido de que no quiero seguir siendo su móvil ni su confidente imbécil. Si tan sólo cambiase de teléfono y me aniquilara guardándome en una gaveta con sus buenos recuerdos, o me robaran para salir de este hastío y así pertenecer a alguien que me haga el favor de escribirle“Laura estoy loco por ti.” “Tu móbil.”

(Pre)Okupas en Barcelona: This is a Tourist Attraction

A manera de bosquejo de ciudadanía, los desplazados del drama estructural que Augusto Comte convirtió en problema sociológico en el siglo XIX, no han sido ni serán el agua tibia por descubrir ni la sangre de la vena ideológica del pensamiento de izquierda.

La lucha es cuestión de Estado, pensó Hegel, no de malabaristas. No obstante, el pasado reciente, la actual coyuntura económico-inmoviliaria y algunos padres liberales que prefieren mantener a sus hijos rebeldes lejos de casa pero con casa, aunque ellos quieran e insistan en no tener casa en la p… vida; confluyen en el hecho de que existe un movimiento de carácter social que mas o menos responde a una serie de necesidades y reivindicaciones habitacionales de carácter espontáneo, la placenta juvenil de la anarco-auto-gestión.

Con más o menos dos generaciones encima, o tres, y muy especialmente en Barcelona, donde no es tan fácil distinguir entre un Okupa y un “Ultra” del F.C Barcelona que duerme en una acogedora habitación en el Barrio de Gracia, el fenómeno atrae, tanto a nuevos militantes como al lente del turista, quien ajeno y pánfilo, no duda en fotografiar las pintorreteadas fachadas de los inmuebles ocupados. Pero: “This is not a Tourist attraction” rezan las pancartas frente al mamotreto cilíndrico del Hotel Barceló Raval.

Y si no lo son, ¿Qué son?

Una de las Ocupas más famosas del mundo, la célebre Christiania, aun cuando desafortunadamente está en peligro de cierre definitivo, presa de depredadores inmobiliarios e insensatas coaliciones de derecha, es la segunda atracción turística de Copenhagen. En tal sentido, el curso de las cosas apunta a la eliminación de dicha contradicción en la capital danesa, no así en Barcelona, donde el turismo de piscinas en azoteas se funde con desfachatados individuos que visten pantalones a la altura de los calcetines en Carrer L’Hospital, mientras que las relucientes y conspicuas fachadas del Poble Nou se entremezclan con el lado B del barrio: el Pobre Nou.

Lo que pasa es que aquí som molt crítics, siempre diem que tot és una merda, cuando no es así, como bien lo indica el influyente arquitecto Oriol Bohigas, si fuera una mierda el turismo no vendría: “el camí no es rebutjar el turismo” es cuestión más de coexistencia y menos activismo barato que a la vez cuesta caro venir a fotografiar: Barcelona no es Berlín.